¡Bienvenidos una semana más, queridos lectores, a mi blog! Para mí escribir se está convirtiendo en una rutina que me ayuda a conectar con todos vosotros y me alegra mucho saber que os gusta todo lo que comparto a través de este medio. Como ya sabéis, marzo es el mes dedicado a cuatro personajes destacados de mi primera novela juvenil, Keswick y el árbol de la vida: Lobo, Bruja, Cazador y Hada. Sobre los dos primeros ya podéis encontrar información en mi blog; hoy me centraré en hablaros del tercero de ellos: Cazador.

Los orígenes mágicos de Cazador

Hubo un tiempo en que la paz reinaba en Keswick, fue una época sosegada en la que los días transcurrían en una agradable armonía. Por aquel entonces Cazador, primogénito del rey Poseidón, era un joven con una vida dorada, tranquila, no había nada que le alterara porque los enemigos de la Atlántida no sabían de su existencia. Allí, guardado por Merlín y Alanis siempre vigilantes, llegó a cumplir once primaveras. Tan pronto como la aterciopelada negrura cubría la inmensidad del cielo, Cazador sonreía eternamente, alzando su mirada al firmamento. En sus ojos brotaba una chispa mágica cuando admiraba la constelación de Orión.

Esa fértil unión entre Cazador y el firmamento alumbró tres estrellas muy especiales. La noche era perfecta; el cielo estaba despejado y sereno. El firmamento se desgarró por un instante y derramó sobre Cazador una parte de sí mismo, y los rescoldos centelleantes se engarzaron en su cinturón. Tal como Merlín le había dicho en ocasiones anteriores, el cielo es el manto que abriga nuestro mundo y las estrellas danzan por el firmamento, algunas veces fugaces, pero otras titilan magia.

El mágico cinturón celestial

Al día siguiente, el resplandor de su cinturón aumentó mucho más su curiosidad por el mundo que le rodeaba y, en especial, por todos los cambios que se palpaban en el ambiente del calmado pueblo de Keswick. Quedó boquiabierto de asombro y contemplaba a su nuevo compañero con un aire tan intrigado que Alanis reparó en su actitud y resolvió sacudiéndolo como si fuera un látigo. En aquel preciso instante, Cazador recogió con sus manos un hacha y un arco con flechas doradas, convirtiéndose así en uno de los personajes más valientes de una estirpe magnífica. En ese momento, se dio cuenta de que el cielo nocturno nos permite ver un atisbo de su grandeza, pero que jamás revela sus grandes y mejores secretos; los guarda receloso en su inmensidad.


¡Y esto ha sido todo! Espero que ahora seáis más capaces de entender la vida, la historia y los comportamientos que tiene este personaje en Keswick y el árbol de la vida. La semana que viene os traeré la cuarta y última historia de este mes de marzo: la de Hada.

Si no queréis perderos las primeras novedades sobre mi segunda novela, Keswick y el destino de la espada, estad atentos a mi Instagram y a mi página de Facebook. ¡Por fin puedo contaros que ha entrado en imprenta! Pronto os contaré más al respecto. ¡Nos vemos pronto!