Última semana de marzo, último de los cuatro personajes principales que dan vida a mi primera novela juvenil, Keswick y el árbol de la vida. Si habéis llegado hasta aquí, ¡enhorabuena! Ya estáis un paso más cerca de conocer a fondo todos los detalles de esta obra. Hoy es el turno de Hada, aunque no podéis olvidar que en semanas anteriores hablamos de Lobo, Bruja y Cazador. Si aún no conocéis sus historias, corred a leerlas antes de que el post de hoy os revele información no deseada. ¡Quedaos para saber más si ya conocéis al resto!

Hada, nacida de la naturaleza

Hada nació con la primavera, cuando las noches empezaban a ser más cálidas y los días más largos. La naturaleza exclamó su entusiasmo jubilosamente y miles de flores empezaron a crecer coloridas e incontrolables por todas partes. Cuando Hada sonreía, las explosiones de color eran habituales: había narcisos, jazmines y rosas que nacían de aquí y de allá, haciendo aún más patente su vínculo con la naturaleza y la magia. Cuando, por el contrario, estaba triste y lloraba, sus lágrimas olían a agua de rosas y en caso de que se enfadara era la misma tierra quien se estremecía, exhalando furia.

Siendo un bebé dejó la tranquilidad eterna que le brindaba su reino para irse a vivir con Merlín y Alanis. Gracias a ellos aprendió mucho sobre el mundo mágico y fue capaz de conocer el mejor lado de este increíble universo, pero también sus episodios más oscuros. Con el entrenamiento que estos dos magos poderosos le brindaron, consiguió que cada día aumentara su destreza con la varita. Progresivamente se hizo más poderosa y volvió la inquietud honda a minar la mente de Merlín, pues temía por la vida de la pequeña Hada.

Un destino ineludible

Pronto le salieron las alas, grandes y firmes, fuertes y hermosas, pues la grandeza de su destino flotaba en el aire oculta bajo pliegues invisibles, esperando el momento de clavarse en su corazón. La vida pronto le deparó grandes aventuras, muchas hazañas a la altura de su grandeza que le valieron su corona de reina de las hadas y de general de las capas grises. Fue la única de los cuatro que pudo leer el libro blanco y la envidia de Bruja jamás pudo eclipsar ni su bondad, ni su magnanimidad ni su benevolencia.


Con esto concluye este emocionante mes de marzo, cargado de cientos de detalles que harán que comprendáis mejor el entramado de mi primera novela juvenil, Keswick y el árbol de la vida. Si no queréis perderos nada, os recomiendo, como siempre, que me sigáis en Instagram y Facebook. ¡Nos vemos en abril con muchas más aventuras y magia!