Hace ya unos meses, tras la curiosidad que os suscitaba a algunos mi proceso de creación literaria, decidí escribir un post que hablara sobre la música que me inspira a escribir. Allí os desvelé cuáles eran mis compositores favoritos y qué piezas de su obra eran las que se ocultaban tras cada escena de mi primera novela juvenil publicada, Keswick y el árbol de la vida. Hoy es el turno de otra parte fundamental en mi proceso de creación: los pintores y su arte. Aunque muchos de ellos ya los he mencionado, aquí os explico más detalladamente el por qué de mi elección y su relevancia en mi obra.

1. Diego Velázquez

Diego Velázquez es, sin ninguna duda, es uno de mis pintores favoritos. Él pintó uno de los cuadros más comentados de la Historia del Arte universal, una obra en la que yo también me quise basar para darle un color diferente a mi segunda novela juvenil, Keswick y el destino de la espada. Dicha obra es Las Meninas, un cuadro enigmático que ha suscitado cientos de incógnitas por la escena en la que representa y la perspectiva desde la que pudo pintarse.

Los personajes y sus posiciones en el cuadro encajan a la perfección con la constelación Corona Borealis, mencionada en el libro. El número 1174 aparece en el marco del cuadro que puede verse actualmente en el Museo del Prado, otro detalle que también menciono, aunque tendréis que descubrir qué relevancia tiene en la obra.

Su mujer, Juana, es también protagonista discreta de mi novela. A pesar de que apenas aparece, es una de las tres ninfas del reino de Gea. Sin embargo, su identidad está parcialmente camuflada, ya que decidí darle el nombre de Jauna, haciendo así un juego de letras sin renunciar al homenaje.

2. Joaquín Sorolla

Joaquín Sorolla es, sin ninguna duda, el pintor que ocupa el segundo puesto en el pódium de mis preferidos. Quizá sea así por su predilección por Velázquez, un sentimiento que, como ya habéis podido comprobar, nos une y me hace sentir muy cercana a toda su producción artística. 

Si debo destacar algo, son los retratos familiares, mis favoritos. Puedo afirmar con total seguridad que, en especial, su amor hacia Clotilde o Clota, como él solía llamarle, fue lo que me inspiró a crear un personaje con este mismo nombre. En Keswick y el destino de la espada la convierto en una Gracia, haciendo un homenaje simultáneamente a Las tres Gracias de Rubens, otro pintor al que admiro.

3. Salvador Dalí

El caso de Salvador Dalí en lo que a mi segunda novela juvenil respecta es muy diferente al de los anteriores: él se convierte en uno de mis personajes. En concreto, es Lord Timeo de Lócride. Hubo dos motivos que me llevaron a tomarle como referencia: por un lado, Platón lo menciona en uno de sus diálogos, La República;  por otro, físicamente me imagino al personaje de Timeo, concebido por este filósofo clásico, con la fisonomía de Dalí, con esa cierta locura que desprenden sus ojos.

Al igual que ocurre con los dos pintores anteriores, mi homenaje a Dalí también parte de la figura de su mujer: Gala. En este caso, tal como ocurría con Velázquez, la personifico en una de las ninfas de la novela. En toda la historia de la humanidad las mujeres siempre han inspirado a los grandes de la pintura y, en la actualidad, a cientos de escritores y escritoras entre los que tengo la suerte de encontrarme.


¡Y hasta aquí mi inspiración en lo que concierne a tres grandes pintores!

Espero que toda esta información os ayude a conocerme un poco más de cerca y que con ello podáis comprender mejor mi proceso de creación. Estoy deseando que Keswick y el destino de la espada llegue pronto a las librerías para que podáis leerlo y unir todas las piezas de lo que ahora es un puzzle inconexo. Os espero en mi Instagram y en mi Facebook con más detalles y novedades.